#PrimaveraSound Día 3: El final de la noche.

El sábado me levanté a las mil, así que no tuve tiempo de ver a Sean Nicholas Savage en la Ciutadella. Una pena, me quedé con ganas de más el jueves. Comí, me vestí y salí a una fiesta en una azotea cerca de Sagrada Familia que estuvo la mar de agradable. De charleta previa, con unas vistas fantásticas y bebiendo cervezas de calentamiento. Con la calma nos fuimos al Forum, sin prisas. Llegamos a tiempo para ver el principio de Dead Can Dance, que no soy demasiado fan y me dieron un poco igual. De hecho, a la tercera canción me piré a cenar. Me zampé unos raviolis demasiado potentes y me fui a ver a Hidrogenesse, que para mí han sido lo mejor del festival. Dudaba si ir o no, porque los he visto demasiadas veces, y menos mal que no había nada que me interesara a la vez. Qué gusto da esperarte algo como lo de siempre, que está bien y lo disfrutas, y sea mucho más: Carlos y Genís estaban ambientadísimos, el escenario y la hora eran perfectos para ellos, los visuales molaban mucho y el público estaba entregadísimo. Lo viví con gente a la que amo, berreé las canciones y casi lloro de la emoción. Un diez.

Con la felicidad hidrogenessiana y el estómago muy lleno, me fui a Camera Obscura y menos mal que mis acompañantes se quedaron en la grada, porque así pude echarme una minisiesta para poder llevar la noche de la mejor de las maneras. Y funcionó a las mil maravillas. Tras quitarme las legañas, corrimos al Primavera para esperar a Los Planetas, con tiempo de sobra para mear y repostar. Los Planetas no me gustan desde hace años, pero claro, tocaban Una semana en el motor de un autobús, garantía de que me gustarían muchas de las canciones que sonarían. Un concierto muy personal, muy emocional, que viví abrazado a Miguel, con el que vi a Los Planetas por primera vez en la gira de presentación, precisamente, de este disco. Sonaron potentes, y oír canciones que habitualmente no tocan, como Línea 1, fue una cosa loca. Además, se limitaron a tocar el disco en orden y se fueron, sin tocar nada más, perfecto para mí.

Después, Crystal Castles, que creo que no los había oído nunca, lo dieron todo y nos prepararon las piernas para lo siguiente, Hot Chip, que triunfaron mucho mucho. Uno de los grupos que tampoco me canso de ver, sus canciones son todas buenas y siempre dan espectáculo. Una maravilla perfecta para acabar. Después aguantamos hasta el amanecer con las sesiones de cierre, acabando con la ya mítica despedida de DJ Coco, que ya huele un poco con hits un poco pasados y con media Barcelona en el escenario posando. Pero bueno, es una tradición, y a esas horas tampoco estábamos para quejarnos. Después, continuamos la jornada de manera muy innecesaria, pero también muy divertida.

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En resumen: un Primavera como los demás, divertidísimo, y más rodeado de amigos que nunca. Me he quedado con las ganas de ver a gente que sabía que estaba, pero el tiempo corre, los conciertos son muchos y el espacio muy grande, y a veces es imposible encontrar el momento para quedar. En unos días creo que salen a la venta los abonos VIP para 2014. Ahí estaré para comprármelo. Y no he escuchado en mi vida a los únicos confirmados, Neutral Milk Hotel.

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