Madrid, ciudad de vacaciones

Bueno, pues ya está. Se acabaron las vacaciones. He hecho cosas que no tenía pensadas y me he quedado sin hacer otras que quería hacer. Lo de siempre. Pero han sido 5 días intensos, sin parar más que para tomar aire y dormir. Poca reflexión, pero mucha diversión y relajación. Y mucho echar de menos. Cada vez echo más de menos Barcelona cuando la abandono, por mucho motivos.

El jueves dediqué la mañana a recados y diligencias, y a pasear un poco por la Gran Vía de Majadahonda, que estaba especialmente bella. Los árboles, la lluvia recién caída, la ausencia de masas de familias al ser día laboral… Muy relajante.

Por la tarde bajé a Madrid a seguir con los recados, que hasta de vacaciones uno tiene que tener obligaciones. Después, ya de noche y tras una cena bien cerca en Hermanos Campa, fuimos a ver a Aries. Me reencontré con muchas personas a las que tenía ganas de ver, y conocí a alguna más inesperada. Mola poner cara a gente con la que trabajas a distancia. El concierto fue maravilla, aunque me quedé con la mosca detrás de la oreja con lo quietito que estaba el público ante la avalancha sonora de Aries. En un arranque de animación sociocultural convencí a Diana y a Lara para gritar el estribillo de Visiones mientras saltábamos, pero no se animó mucho la cosa. En cualquier caso, muy chulo lo de Aries. He guardado todo en mi imaginación.

 

 

El viernes, otra vez concierto. Esta vez tocaban Dúo Divergente y Puzzles y Dragones. Antes, hicimos parada técnica y castiza en La Chilostra, una taberna de Lavapiés en la que ponen un pica pica la mar de rico. Allí conté mi intención de dejar de decir que algo no me gusta y probar toda la comida. Estoy racionalizando esto, y a pesar de que hay cosas que jamás pediría o cocinaría, la realidad es que puedo comerlas sin problemas. Corriendo, como si en Madrid los conciertos fueran puntuales, llegamos a El Juglar. La entrada, además de una cerveza, incluía un librito con las letras de Dúo Divergente y un pintxo de remolacha, así que pude poner en práctica lo de comer cosas que no me gustan. El concierto fue divertidísimo. Me pareció estar en 1997, con toda la corriente tonti-yeyé, pero con unas letras que se cagan en lo que se hacía entonces. Una mala uva y unos pies en la tierra que Los Soberanos o La Pequeña Suiza, grupos que me vinieron a la cabeza al escuchar a DD, no tenían ni de lejos. Gozamos especialmente con Patinete y Becaria Legendaria, amén del megahit Chico JotDown.

Una vez que terminaron DD, me armé de valor para desvirtualizar, que uno es vergonzoso y no sabe como hacer estas cosas, y me fui a saludar a Lucía a.k.a. Filósofa Frívola, que andaba por allí. Me presentó a su consorte y estuvimos de charleta un buen rato, comentando cosas de aquí y de allá. Al final estas cosas no son para tanto, pero en mi cabeza me siento estúpido antes de hacerlas. La sorpresa llegó cuando entré a ver a Puzzles y Dragones, que llevaban un buen rato. Aparte de que hicieron una versión de Quiero Saber de Los Fresones Rebeldes (hola, 1997), resulta que conocía al cantante de mis años adolescentes en el noroeste de Madrid. Estuvo en El Diablo Adolescente, una banda que me dejó con el pelo para atrás la primera vez que la escuché. Acabamos, después del concierto, en Juan Raro, un sitio un poco sin alma.

Tampoco nos entretuvimos demasiado, que el sábado teníamos cumpleaños y despedida de Ana. Ay, qué día más feliz. Hasta me dormí una siesta bajo la lluvia. Comida, amistad, cervezas… todo muy bien. Por la noche intentamos ir a lo de Converse pero fue imposible. Hordas de colas de adolescentes. Nada, tiramos para La Selva sin dudar.

Ya el domingo, un poco de familia y recogimiento y por la tarde, a la aventura. Fuimos a los Libros Mutantes y, como no, nos dieron ganas de montar algo, LO QUE SEA. Qué gusto ver a tanta gente reunida con sus cosas, sus proyectos minúsculos (o no), encontrarse con conocidos con los que intercambiar unas palabras amables y dar un garbeo por La Casa Encendida. En la terraza, además, había una exposición de Ill Studio que nos dejó con el culo torcido. Una maravilla muy de ahora, de recuperar lo de internet de antes. Me compré el Bulbasaur, el Ponytale, el Desayuno. Me dieron ganas de comprármelo TODO. Subimos a casa de Henar a reponer fuerzas, hacer recuento del finde, tomar vitaminas y descansar. Y de ahí a picotear al María Bonita, cocina mexicana a precio de crisis: 3 taquitos y una cerve pro 6€. Ñam. Acabamos en la Filmoteca viendo Tom en la granja de Xabier Dolan. La peli está llena de cosas interesantes, de posibles desarrollos maravillosos, pero va dando tumbos sin ton ni son y acaba por ser una bobada cuya intención es confusa. No salí muy satisfecho, la verdad.

Ahora, ya en Barcelona y de vuelta a la normalidad, todo me parece lejano. Y no sé cuándo volveré, pero solo espero pasarlo igual de bien que esta vez.

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