Donde no me llaman: Es normal

Nuestro presidente del Gobierno (nuestro a regañadientes) ha dicho que a su partido, el PP, lo vota gente normal. Bueno, exactamente “los seres humanos normales”, porque los seres no humanos le dan igual, sean normales o anormales. Imagino que en un intento de hablarle al pueblo llano de tú a tú se le ocurrió que usar esa expresión, “normal”, era la más acertada: lenguaje sencillo, para todo, para bobos. Porque él sabe, perfectamente, que ellos no son gente normal. Y que la gente normal, si atendemos a definiciones y a la ortodoxia, es gente poco deseable, nada apetecible para tener de tu lado.

 

normal.

(Del lat. normālis).

1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.

2. adj. Que sirve de norma o regla.

3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

4. adj. Geom. Dicho de una línea recta o de un plano: Perpendicular a otra recta.U. t. c. s. f.

5. adj. Geom. Se dice de la perpendicular en el punto de contacto al plano o recta tangentes a una superficie o línea curvas. U. t. c. s. f.

Ajustarse a la norma, ser normativo, es algo que puede funcionar para vivir tranquilo y sin preocupaciones. Eso sí, constreñido por la propia norma, porque no te la puedes saltar ni un milímetro para seguir siendo normal. Esto, en España, es muy complicado: todos (toma generalización) nos saltamos la norma de alguna manera u otra. De hecho, estamos en temporada de declaración de la renta, la cima anual de triquiñuela y anormalidad. Pero volvamos al peligroso concepto de nuestro (vuestro) presidente. Si alguien es normal, es que se adapta a la norma. La gente normativa, que entiendo que es hombre cis, blanco, heterosexual católico, con dinero. Es la gente con estas características la que marca la norma. Luego uno puede ponerse a sacar ejemplos infinitos de gente no normativa que lucha día a día contra su anormatividad para integrarse y no tener que trabajar más que el resto: el obrero de derechas, la mujer machista, el ateo que alaba a Francisco I, el maricón que está “fuera del ambiente” o le gustan “hombres, hombres” o esconde lo suyo en el trabajo no vaya a ser que le miren mal, el pobre que admira a los ricos… Sí, está la gente normal, la que ordena y organiza y determina la norma, y el pueblo que intenta a toda costa adaptarse a esa norma. Y después están (espero que aquí tenga sentido usar mejor ESTAMOS) los que tenemos algún grado de chirrido en esa normalidad impuesta. Aquellos a los que algo no nos cuadra, y aquellos a los que no les cuadra casi nada.

Esther Platero posa con un rifle junto a una amiga en una imagen de su...

La candidata del PP a la alcaldía de Navalcarnero ha sido definida por su partido como una persona normal. Las armas, esas cosas normales.

Aunque, pensándolo mejor, quizá Rajoy (ya me he cansado de nuestro presidente) tenga razón y al PP sí que lo vota gente normal. Esa gente que tiene miedo a cambiar algo, que vive a gusto en su normalidad aceptada, que son blancos, que son heterosexuales, que son católicos, que son “gente de bien”, que no son raros. Españoles. Normales. Dentro de la caja. Aquí sí que se equivoca pensando que el PP tiene la exclusividad de la norma, porque el PSOE también tiene lo suyo, pero como de mejor rollo, como de “sí, eres raro, te dejamos entrar pero quédate en la esquina y ya te acercas cuando esté el fotógrafo”. La gente normal, entonces, sí que existe, pero no nos interesa. Los anormales queremos que la norma sea la anormalidad.

Para terminar esta bobada, añadiré que el PP pide el voto de los seres humanos normales, pero parece no incluirse. Porque no es normal gobernar en contra de los ciudadanos. Ni cobrar dos, tres, cuatro, seis sueldos, algunos de ellos sin pagar impuestos. Ni entregarse a una religión imponiendo su moral a toda una sociedad. Ni no tener vergüenza de ningún tipo. Ni estar en juicios día sí día también. Ni ser millonario. Ni no sufrir ni una miaja. Debe ser que ellos, al haber definido la normalidad, tienen el poder de no incluirse, de mirarlo todo desde fuera, desde arriba.

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One Response to “Donde no me llaman: Es normal”
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  1. […] es un partido católico y que Duran i Lleida defendió hace no mucho la existencia de terapias para ser normal (=heteronormativo). Además, sí, cuelga la bandera pero luego tiran para atrás propuestas como la […]

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