FIRMA INVITADA: ¿Dónde encontrar a las mujeres en la historia de las ciudades? En busca de las mujeres de la historia en Madrid (por Henar Ortega)

Por fin puedo hacer algo que llevaba tiempo queriendo hacer: ceder este espacio a textos que no han tenido cabida en otros lugares, invitar a amigas y amigos a publicar lo que les apetezca, oír otras voces y otros temas que me interesen pero de los que no pueda, no sepa o no quiera escribir. Sin demasiadas normas, pero con las pocas que tengo bien claritas: textos sobre las luchas y los temas que me interesan y que han nutrido este blog (heteropatriarcado, luchas feministas y lgtbi, luchas de clase, intereseccionalidad, política, publicidad, música) con libertad de enfoque. Empiezo esta sección llamada FIRMA INVITADA con una gran amiga, Henar (con la que ya estrené otra sección, la de entrevistas), esperando que haya más gente que se anime a proponer y colaborar. Espero que esto no se quede aquí. Ya tú sabeh: sola no puedes, con amigas sí.

La primera, como ya he dicho, es mi amiga Henar, periodista y consultora de comunicación autónoma, que quiere poner su granito de arena a la lucha feminista de hoy (como autónoma, no tiene derecho a huelga laboral, pero sí estará en la manifestación, hará huelga de consumo, y parará todo lo que le sea posible). Lo que quiere compartir es este artículo sobre el lugar de las mujeres en las ciudades, un artículo divulgativo que se ha trabajado a conciencia y que, por unas cosas u otras, ha terminado es este blog. Y qué mejor día y tema para arrancar todo esto. Disfruten.

 

¿Dónde encontrar a las mujeres en la historia de las ciudades? En busca de las mujeres de la historia en Madrid

Texto y Fotos de Henar Ortega @henarrr

En pleno siglo XXI cuesta encontrar referentes femeninos de esos que dan nombre a cosas en las ciudades. Si nos fijamos en esculturas, paradas de metro y placas, están dedicadas en su mayoría a figuras masculinas. Si acaso, alguna escultura femenina, pero que muestra a la mujer como musa o alegoría de algo. O directamente sin nombre, como la “escultura de la niña” en la madrileña Plaza de San ildefonso. Así, ¿cómo vamos a encontrar ejemplos a la hora de educar en igualdad?

Con el objetivo de localizar a las mujeres en la historia de Madrid hemos quedado con Herstóricas, un proyecto cultural y educativo que visibiliza y valora la aportación histórica de las mujeres en la sociedad, y reflexiona sobre la ausencia de éstas desde una perspectiva feminista. Son Mariela, Marta y Sara, y lo hacen a través de talleres, paseos y visitas guiadas en las que promueven la participación y el pensamiento crítico. Para documentarse investigan entre las centenares de tesis y trabajos académicos publicados al respecto, depuran la información y la hacen divulgativa. Sus actividades tienen lugar muchos fines de semana, con diferentes horarios, y propuestas incluso para los más pequeños.

Su propio nombre ya es elocuente: cambian el determinante posesivo inglés “his” por “her” en la palabra history. “Nos conocimos en Londres. Las tres teníamos mucho interés en el feminismo como eje transversal de muchas cosas que implica todos los ámbitos de la vida, y teníamos ganas de hacer algo. Así empezamos a diseñar y a realizar nuestras rutas en Madrid, Granada y Londres, rescatando a estas mujeres anónimas que han hecho historia”, nos explica Marta Casquero, una de las fundadoras de Herstóricas.

La idea es explorar cómo habitaban las ciudades y cómo compartían espacios entre ellas. Empezamos con un “no lugar” para las mujeres: el antiguo Ayuntamiento (Plaza de la Villa). Hasta los años 20 el género femenino no tenía representación en el espacio político. En esa época llegarían las primeras concejalas de Madrid. La primera alcaldesa no fue hasta 2012. Queda de manifiesto así que el espacio político no ha sido para nada un espacio común para las mujeres hasta hace bien poco.

 

El Huerto de las Monjas

Prosigamos con más lugares donde encontrar a las mujeres en la historia: conventos, monasterios, iglesias… Llegamos al Huerto de las Monjas (Calle del Sacramento, 7), pegado al convento del mismo nombre. Un sitio muy pintoresco y poco conocido por los habitantes de la capital, que cuenta con una fuente y un entorno ajardinado precioso. “Los conventos eran la otra vía para todas aquellas que se salían de la norma habitual de matrimonio e hijos, o para las familias que no contaban con recursos para la dote. Así, muchas de aquellas mujeres solteras, homosexuales, o que simplemente tenían interés en seguir una carrera artística, científica o intelectual encontraban en los hábitos un refugio (entre comillas) para su libertad”, explica Marta de Herstóricas. Un entorno, curiosamente, regido por la de nuevo masculina jerarquía eclesiástica.

 

El Lyceum Club, un espejo de lo que pasaba en Londres

En 1926 surgió en Madrid el Lyceum Club (Plaza del Rey, 1), que nacía a imagen y semejanza del primer lyceum creado en Londres por la escritora británica Constance Smedley-Armfield. Un espacio pionero por estos lares, creado para la defensa de los derechos de la mujer, cuyas integrantes eran mujeres con estudios universitarios e inquietudes intelectuales, de todas las orientaciones sexuales. “Este fue un lugar en el que estuvieron presentes mujeres lesbianas o bisexuales, y también solteras. Muchas otras estaban casadas con hombres, aunque no podemos saber a ciencia cierta sus verdaderos intereses sexuales. Allí empezó a debatirse sobre el sufragio, por ejemplo. Nombres reconocidos como Clara Campoamor, Victoria Kent, o María de Maeztu estaban muy involucradas en este sitio. Fue un espacio muy importante en el pensamiento crítico de nuestro país”, manifiesta Marta de Herstóricas.

 

Trabajos invisibles e invisibilizados

El hecho de que no haya tanto vestigio femenino como masculino en el espacio público tiene directamente que ver con el papel de la mujer a lo largo de la historia. Ellas estaban dentro de casa, haciendo trabajos de los que no se ven pero que sacan adelante un hogar o a una familia. Se trata de los trabajos reproductivos y de cuidados. Uno de ellos era ir a lavar al río. Precisamente por la zona, en Madrid Río en las inmediaciones del Puente de Segovia, hay una pequeña placa homenaje a las lavanderas. Conviene buscarla concienzudamente: son pocos los que confirman haberla visto, de tan discreta que es.

“Otro lugar eminentemente femenino y que no ha tenido demasiada visibilidad histórica para las mujeres son los mercados”, prosigue nuestra Herstórica anfitriona. Ellas no es que fueran allí solo a hacer la compra: había muchas mujeres que se dedicaban a vender en su puesto de viandas. “La historia nos cuenta, eso sí, que en los mercados se prendía la mecha de muchas revueltas del pueblo en lucha por los derechos civiles. Pero, ¿por qué se nos dibujan esas luchas obreras como eminentemente masculinas? Si sucedían en los mercados, y las mujeres estábamos allí, la lucha obrera ha sido cosas de ambos géneros”, nos cuenta en la Plaza Mayor, donde antiguamente estaba el Mercado del Arrabal

 

De trabajos invisibles a mujeres invisibles

De las 382 placas conmemorativas que hay en Madrid, apenas un 10% tienen nombre de mujer. Una de ellas es María Lejárraga. Su placa está ubicada en la casa en la que vivió (C/ Manuela Malasaña, 28). Esta mujer era una intelectual, escritora y feminista (es célebre por su lucha por los derechos de la mujer durante la segunda República, y hasta fue elegida diputada por Granada en 1933), pero que paradójicamente tuvo un conflicto con su autoría. Publicó su primer libro, firmando con su propio nombre y apellido, y no obtuvo nada de éxito. A partir de ahí decide seguir escribiendo pero no firmar con su nombre: firmará con el de su marido, Gregorio Martínez Sierra. Con la nueva autoría, los libros se convierten en un auténtico éxito que le deparará toda una carrera literaria a la sombra.

“Se dice de ella que hizo varios libretos para Manuel de Falla, por supuesto firmando su marido; o que envió un guión a Disney del que nunca obtuvo respuesta y sospechosamente parecido a la posterior película ‘La dama y el vagabundo’… Todo ello en la clandestinidad y sin ningún tipo de reconocimiento”, cuenta Marta de Herstóricas. Recuerda mucho a la historia de Gerda Taro, mujer de Robert Capa, quien al parecer según se está pudiendo comprobar, es la autora de muchas de las fotografías que se le atribuyen a él.

Ya que estamos con la invisibilidad, hablemos de Luisa Carnés, destacada periodista y escritora de la Generación del 27. ¿Que no te suena? Pues tiene una placa en el número 31 de la madrileña calle Lope de Vega. Quizás este rótulo, y este tipo de rótulos, sean una gran oportunidad para despertar la curiosidad sobre todas esas figuras femeninas a las que la historia que nos han enseñado no les ha prestado toda la atención que merecían, y gracias a ellos puedan revivir en el imaginario colectivo.

¡Si hasta la osa del Oso y el Madroño es hembra! Así lo atestiguan documentos históricos que aseguran que representaba a la constelación de la Osa Mayor. De ahí también la presencia de las estrellas en el escudo de la Comunidad de Madrid. De lo que no se tiene certeza clara es del momento en que se dio a llamar oso a la osa. Probablemente sea una muestra más de que el lenguaje importa, y de que el uso del masculino como neutro en el castellano contribuye a una visión masculinizada de las cosas.

 

¿Dónde está la mujer obrera madrileña?

La antigua fábrica de tabacos, actualmente conocida como Tabacalera (C/ Embajadores, 53) es un buen lugar para indagar en las pistas de su historia. Allí trabajaban las conocidas como cigarreras, mujeres pioneras del movimiento obrero en España. Una forma muy atractiva de conocer su realidad es a través de las rutas que organiza el colectivo La Liminal. Plantean un recorrido por los lugares de convivencia y encuentro de estas mujeres que con su fuerza y valentía dieron pasos por la igualdad de derechos. Lo hacen desde el punto de vista de la antropología de género, y la reflexión crítica sobre las ciudades y el discurso hegemónico.

 

¿Y dónde leer y aprender desde el punto de vista de género?

La Librería Mujeres (Calle San Cristóbal, 17)  es definitivamente un lugar donde están las mujeres en Madrid. Muy cerquita de la Plaza Mayor, está abierta desde 1978. Aquí tienen todas las obras imaginables de temática feminista, narrativa femenina y cuentos no sexistas. Un ‘cuarto propio’ para el género femenino, donde se genera debate, se promueve conocimiento, y se comparten ideas con alegría. Porque, como dicen en su web parafraseando a Emma Goldman, “si no podemos bailar, ésta no es nuestra revolución”.

Y puestos a leer, podemos descifrar el arte desde el punto de vista de género. Así nos cuenta Marta de Herstóricas cómo decidieron crear sus tours titulados ‘Sexualidades en el Prado’ y el de ‘Arte y violencias machistas’: “Sin irnos más lejos, indagamos en el Museo del Prado. De los 1200 cuadros expuestos, solo 5 son de mujeres. Dicen que tienen más en el almacén, pero no los sacan”, expone. “Si bien las mujeres representadas son numerosas, pocas veces se pone foco en lo que narran esas escenas plasmadas, en demasiadas ocasiones teñidas de violencia y menosprecio hacia las mujeres. Basta con echar un ojo al cuadro ‘Susana y los Viejos’, de Guercino, y ver lo vigentes que se encuentran en el imaginario colectivo ese tipo de escenas. Si además lo comparamos con la versión de esa misma escena de la pintora barroca Artemisia Gentileschi, comprenderemos perfectamente por qué es tan necesario que el punto de vista femenino sea parte activa en el panorama político y civil”, expone nuestra cicerone Herstórica.

 

En el ayer explicamos el hoy

El papel de la mujer en la historia permite afirmar que la política, la sociedad y la economía han sido eminentemente masculinas. Las calles, por tanto, también lo han sido históricamente, mientras la mujer desempeñaba un papel invisible e invisibilizado dentro de casa. Eso podría explicar la inercia que lleva a que se repliquen sin cesar ciertas conductas callejeras que tantísimas mujeres sufren día a día en todo el mundo. Es por lo mismo que nuestras ciudades no siempre están adaptadas a las tareas reproductivas y de cuidados (cuidar de menores o adultos dependientes, proveer la casa de todo lo necesario…), como apuntan las tesis del urbanismo feminista.

 

Y en la educación está la clave para el mañana

Son muchos los ámbitos en los que existe la posibilidad real de cambiar cosas en pos de una igualdad de oportunidades real. Un buen primer paso es mirar atrás, interpretar la historia a través de esas mujeres de cuyas vidas ha trascendido algo para los anales de la historia oficial. Pero también y sobre todo, a través de aquellas mujeres de las que no sabemos nada, invisibilizadas por un sistema que las oprimía. En las sombras del pasado es posible encontrar la luz para el futuro. Es cosa de todos. Y la educación es la vía para construir conjuntamente.

Ana Vicenti es profesora de secundaria y nos brinda esta reflexión: “Es imprescindible ir más allá de esos nombres de mujeres conocidas que han trascendido y abrir una reflexión sobre cómo se ha silenciado históricamente el rol de la masa de las mujeres, que han desempeñado trabajos que no se veían pero que han permitido que las sociedades salieran adelante. Y reflexionar también sobre el impacto que ha tenido y tiene en las sociedades que las mujeres no tengan puestos de poder”, sugiere.

“Podemos coger cualquier momento histórico y, sin necesidad de hacer ‘historia-ficción’, tratar de pensar sobre las consecuencias que tiene la ausencia de mujeres en el espacio público al hilo de los acontecimientos que ocurrieron. A partir de ahí podremos construir”, añade esta docente. Una consideración muy apropiada en pos de un porvenir en que se logre la auténtica igualdad.

 

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