Begoña Villacís y el orgullo (o una historia caótica de pinkwashing)

Nada nuevo bajo el sol: que Ciudadanos cambia de discurso según el viento, la oportunidad y la demoscopia es algo que ya sabemos. Otra de las características, menos analizada, es su capacidad para hablar sin saber. Ellos saben de todo porque son españoles, sensatos, decentes, limpios, guapos y de extremo centro centrísimo ni izquierdas ni derechas. Ellos marcan la distancia de todo, de ellos brota la virtud, no son radicales, no son viejos, no son feos, no son malos, no son marikas, no son mujeres, no son punkis, drogadictos ni de alcorcón. Aunque no lo sean, en cualquier caso, ellos apoyan todo si el momento lo pide. El 6 de marzo no eran feministas porque el feminismo es anticapitalista (según el diccionario de Cs, equivale a antideomcrático, porque capital es democracia). El 8 de marzo, sin embargo, era los seguidores number one number de Judit Batler, Barbijaputa, Simone de Bevouir, Lidia Falcón y, si me apuras, de Angela Davis (comunista! negra! lesbiana! vegana!), Beyoncé, e Irantzu Varela. Vamos, que contribuyeron al Verkami de Pikara. Dieron unas clases (no las recibieron, ellos son los profesores) a todas y a seguir con la vida. El último ejemplo de hacerse con cosas que no son suyas y dárselas de expertos es insinuar que el nuevo gobierno lo han elegido ellos. Con la comunidad LGTBI lo están teniendo más complicado porque ellos aceptan a los hombres homosexuales que no sean unas locas, pero como entres ya en otras cosas tipo marikas, bolleras, trans, intersexuales, queer, bisexuales, disidentes, pobres, comunistas… pues chica, eso ya no pueden. Y la van cagando, porque ellos tienen amigos gays decentes pero del resto del colectivo no, porque ellos la G bien, el resto de letras MEH. La lista de homofobias (de intensidades variables, pero homofobias) de Ciudadanos se puede buscar a golpe de Google, no estoy yo para repasar lo del matrimonio y las tensiones innecesarias, las votaciones en contra del plan contra la homofobia, la reacción a la cabalgata de Vallekas, los comentarios homófobos (con una pizca de racismo) hacia Lluis Llach, las risis de su grupo en el Ayuntamiento de mi pueblo (Majadahonda).

A ver, cada uno vamos a lo que vamos. En mi caso, a lo que voy habitualmente es a que no me toquen las plumas, a no ser que me apetezca que me las toquen. Y Begoña Villacís, con cuatro declaraciones a una web colaboracionista y un tuit en el que cada letra está mal, lo ha hecho. Esto:

Lo que más le gusta del orgullo a la que probablemente los madrileños elijan como alcaldesa dentro de un año es no tener ni puta idea del orgullo. Creerse que nació en Madrid. Que lo público no tiene nada que ver. Que es patrimonio de todos. Que es algo asociable a una marca. Que es una necesidad espontánea. El último ejemplo, veremos más en el futuro seguro, de no tener ni idea de nada, pero tenérselo tan creído que no pasa nada por inventarse cosas. Luego apoyan lo que les digan que tiene que apoyar y arreglado. Y el tuit, amalgama de sinsentidos sensatos sin sorna aparente, es solo la puntita. Miremos el titular: “El Orgullo de Madrid debería exportarse como Marca España”. Una marca, algo de lo que sacar beneficio, porque ¿para qué puede servir una reivindicación si no es para hacer dinerito? ¿para que nos dejen de odiar? ¿qué ladras? Si Ciudadanos no saca nada del orgullo, ¿por qué va a apoyarlo? Lo único para lo que le puede servir es para generar más dinero, perpetuar roles y estereotipos y, de paso, darse una lavadita rosa que le traiga votos de aquellos que son decentes y sensatos: hombres homosexuales blancos acomodados y que no necesitan reivindicar nada porque lo suyo ya está, ya pueden ser como las familias del siglo XIX y pagar colegios privados y codearse con las élites sin que nadie les mire mal, porque han hecho los deberes y son hombres NORMALES, que “no parecen” ni “se les nota”.

En la entrevista también patina a base de generalidades que, oh sorpresa, el periodista ni se molesta en corregir o criticar. Ella flipa con todo, con que haya gente oprimida (pero en otros países, GENTE POBRE, ella aquí solo ve españoles), dice que lleva mil años yendo al orgullo (no le ha servido para aprender nada, aparte de cómo hacer negocio) y no dice ni una palabra sobre derechos, reivindicaciones o protestas. Solo de fiesta y de marcaespaña y de Madrid como epicentro no solo del orgullo, los maricones y la vida, también del universo y del arroz bomba.

¿Qué podemos hacer en estos casos? No lo sé. Flipar, reírnos, odiar, stop heteros, stop Cs, darle una clase de historia, pasarle el link de wikipedia de Stonewall, contarles lo que fue l’alliberament, hablarles de Barcelona 1977, votar a trans y a bolleras para que nos representen. No es triste, es desesperante, que ellos suelten estas mierdas y que luego sigan como si nada hubiera pasado, sin leer ni aceptar ni una crítica o intento de que aprendan. Ellos ven el rédito (económico, electoral, de poder) que les pueda ofrecer cada cosa que digan. Pero si no hay beneficio, no hay Ciudadanos. De momento, me quedo con varias de las respuestas al tuit de BV, que son muy divertidas.

 

 

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One Response to “Begoña Villacís y el orgullo (o una historia caótica de pinkwashing)”
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  1. […] de los superheroínos y a Begoña Villacís (primera y última vez que le agradezco algo, eh) por hablar de cosas con la seguridad del ignorante, pues han conseguido que me entren ganas de escribir cosas sobre este mes, porque ahora es un mes, […]

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