Comentario de texto (audiovisual): cosas que pasaron en Masterchef

Masterchef estrenó su cuarta temporada hace una semana. El programa reúne a aficionados a la cocina para convertirlos en profesionales, y eso, más o menos, es exactamente lo que hizo durante una temporada y media. El formato, que empezó blanco y centrado en las habilidades de los concursantes sucumbió pronto a su contexto (España y su televisión) y decidió mutar en un reality algo más puro: peleas, malos rollos que nada tenían que ver con la competición, montajes evidentes… un paso hacia el entretenimiento que, desde lo fan que soy, no me importó. Otro elemento de la televisión española es que los programas, aunque sean de la televisión pública (sin publicidad), tienen que durar, al menos, el doble que los formatos originales. Lo vemos cada semana con las series (que en USA solo llegan a cerca de la hora en la televisión por cable y que aquí no duran menos de 70 minutos), pero también con los talent shows y los realities. Si uno ve un capítulo de Masterchef / Topchef de Estados Unidos, le parecerá un suspirito de algo más de 40 minutos. Esto hace no sólo que durmamos poco, sino que la cantidad de relleno sea espectacular, y hay que montar historias, mostrar detalles que no aportan nada, insistir en la lágrima fácil  y caer en tópicos y temas en los que abundar para llegar a esas dos horas (el primer programa de Masterchef 4 duró 2 horas y 22 minutos). Y claro, pasa lo que pasa: que se caen en ofensas y malas ondas que uno ya no sabe si las meten para que se comente y hacer ruido o porque no se paran a pensar.

En Masterchef Junior, que no sigo tanto, reprendieron a uno de los concursantes por afirmar algo así como que las mujeres fregaban mejor porque estaban destinadas a ello (hablo de memoria). El castigo ejemplar fue que le tocó fregar a él todos los cacharros de la prueba. Muy bien, está chulo que un programa de máxima audiencia y con público infantil no deje pasar estas actitudes machistas, de la que el chaval no tiene la culpa directa, por supuesto, pero que seguro que le hizo reflexionar y dio ejemplo.

Sin embargo, esto de mostrar valores justos, blancos y modernos no parece que se haya traducido en la versión adulta, al menos en este arranque de la cuarta temporada. El primer programa siempre es aburrido, un casting eterno e innecesario, porque dentro de dos programas sólo nos acordaremos de los seleccionados. Sin duda, tanta gente junta da pie a la aparición de personajes que dan juego, pero al final quedan como lo que son: relleno para esas dos horas y pico. Pero a lo que vamos: en este primer programa, en el casting, pudimos ver, sin que a nadie dentro de la historia que contaba Masterchef le chirriase, algunas escenas de la España más rancia y machista.

  • La cosa no empezó mal: a los 9 minutos aparecía un aspirante que va a reivindicar el papel del amo de casa, rol reservado en la sociedad a la mujer. Wow, qué bien, desafío a los papeles tradicionales, esto pinta bien, el hombre conquistando el espacio privado para hacer hueco a otras en el espacio público. Sin embargo, no pasó. Pero ahí queda como anécdota.
  • La más evidente fue el trato  a la aspirante venezolana, Andreína, una bomba latina a la que Pepe se dirigió por primera vez con un “madre mía, por dios, jolín… ¿a qué te dedicas?” sin prestar ni un segundo de su atención al plato cocinado. Y cuando le entrega la cuchara, espeta: “menos mal que este programa no lo sigue mi mujer”. Más tarde, al entrar al jardín de Masterchef, recogen sus impresiones del decorado sobre un barrido que va desde su culo a su cara:             CapturaCaptura2Captura3                                 Desde ese momento, todas sus apariciones irán acompañadas de soniditos sugerentes, sordinas, barridos de su cuerpo y, por supuesto, comentarios desafortunados. Cuando Jordi dice que le suena, ella le comenta que salió en la portada de interviú (saxofón sexy). El juez saca su teléfono y busca la portada, y en comandito con su compañero sueltan la frase sin dejar de mirar el móvil: “deja de cocinar, que tienes muchas maneras. Dale un delantal”. Nah, esto no es un concurso de cocina, es un casting para poner palote a dos señores con Estrellas Michelín. La música sexy y rancia no deja de sonar cada vez que aparece Andreína. Cuando habla de su alimentación, la respuesta de Pepe es “cómo te sienta la alimentación, Andreína”. Al final solo es un divertimento, porque Andreína no entra en Masterchef.
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    Dos profesionales de lo suyo perdiendo los papeles por una portada de Interviú. Muchas risis. 

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  • Emilia dice que su marido se ha enfadado porque no quiere que vaya al programa. Ella bromea, con buen tono, sobre su divorcio y lo harta que está de él desde que se jubilaron. Cuando pasa la prueba definitiva, en la que le aceptan en el programa, los jueces van más allá: se confiesan preocupados antes la situación de dejar a un señor solo en casa que no sabe cocinar, que no saben si son capaces de cumplir el sueño de una mujer si eso significa que desatienda sus obligaciones de esclava. Así que deciden que lo mejor es llamar a su marido PARA QUE LE DÉ PERMISO para ir al programa, no sin antes asegurarse de que las 3 hijas del matrimonio van a cuidar del inútil. A una mujer sexagenaria. Permiso. Del hombre. ¿Os suena? A mí, desde luego, me suena a aquellos tiempos no tan remotos en los que las mujeres no podían abrirse una cuenta en el banco o trabajar sin la firma de un macho que la controlara. Todo en un tono jocoso, eso sí.
    No me lo invento, en la web del programa ponen una transcripción y todo de todo lo que se dice.

    No me lo invento, en la web del programa ponen una transcripción de todo lo que se dice.

    Captura5

  • José Manuel, el empotrador que toda edición necesita, dice que no tiene novia porque las novias no son “más que problemas, te estresan”. Y que no entendió por qué le dejaron…
  • Hay aspirantes que sueltan mierdecitas en tono humorístico que el programa, al emitirlas con musica festiva y tal, entiendo que apoya: “¿Estudias o trabajas?” “Las dos cosas” “No, se dice, te estudio y te trabajo” [RISAS MIL]
  • Tras soltar cositas sobre Andreína, Jordi ve amenazada su virilidad cuando un aspirante maricón le dice que es muy guapo. Más o menos, pero con más educación y elegancia, que lo que él acaba de hacer con una mujer. Por supuesto, las bromas de Pepe no se hacen esperar (UN MARICÓN QUE PIENSA QUE ERES GUAPO, CUIDAO) y Jordi reacciona con un “no he oído nada”. No vaya a ser que se contagie. Luego hacen unos planos de miraditas y a otra cosa.
  • Tenemos el caso de Gema, una mujer de Barcelona que tiene 6 hijos varones (reacción de Pepe: “yo pensaba que era un machote porque tengo 3”). Ella cocina siempre, y Samanta da por hecho que si tiene ayuda, será de otras mujeres: o su suegra o su madre (no vaya a ser que alguno de los 7 varones que tiene en casa toque una espumadera y se haga maricón). Gema está en su misma onda y responde que aunque quede mal decirlo, esas mujeres NO ayudan.
  • Pepe sigue con sus bromis: ha agotado los libros entre el sexo femenino.
  • En un ejercicio de infantilización involuntaria, otro de los aspirantes, Daniel (que pasa la prueba), dice que tiene 3 niñas, “una de 15, una de 11 y otra de 47, que es mi mujer”.
  • Por supuesto, el trío de jueces siguen en sus papeles de siempre: los hombres como expertos en cocina, la mujer como experta en cuquismo. Unos la técnica, la otra la estética, unos a lanzar piropos y machiruladas, la otra a seducir y sugerir que los otros dos están celosos cuando ella elige a un aspirante varón. Puede parecer exagerado, pero es la tónica habitual. Al principio del programa la broma de Samanta a un aspirante fue “no te doy la cuchara porque tienes novia, no tendrá la cuchara por tu culpa” para luego dársela porque ella asegura que no es celosa… WTF?! ¿Es necesario?

También hubo momentos positivos y realistas, claro: la deportista de élite que come de todo, Esmeralda y su candidez, el científico gallego que se hace amigui de la punki rural, el chico que se va a Londres huyendo de España y su precariedad y descubre que la precariedad no es exclusiva de aquí, Rocío, la catalana hecha a sí misma… No estaría de más que se centraran sobre todo en los aspectos positivos y dejaran de lado, o al menos no mostraran como algo normal, divertido o natural ciertas actitudes que dan asquito. Como fan del programa, seguiré viéndolo, pero con la lupa puesta y la manga estrecha.

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