La opresión no es lo que era

Comencemos con una lección básica, un recordatorio breve:

Privilegio es cuando piensas que algo no es un problema porque no es tu problema

Fácil, ¿no? Los que están encima, los que han tenido los privilegios (que no solo tienen que ver con lo económico, por supuesto), muestran cada vez más síntomas de nerviosismo, sacan las garras a la mínima y utilizan todo el poder que precisamente les otorgan sus privilegios para mantenerlos bajo el disfraz de la libertad. Esto, además, se aplica a personas de toda índole: no afecta menos a los de izquierdas, ni a los concienciados, ni a tu profesor enrollado,  ni al activista. Ni siquiera a las feministas. Nadie escapa a la naturaleza del privilegio: lo tienes, habitualmente, de nacimiento, y es complicado identificarlo y anularlo, o usarlo para el bien (que suele consistir, básicamente, en NO usarlo, pero hay casos de uso activo y bueno del privilegio, sobre todo a la hora de hacer de altavoz para los menos privilegiados). En cualquier caso, el privilegio no es uno, son muchos, transversales, complicados, en movimiento. Un privilegio obivo, por ejemplo, es nacer con genitales masculinos y ser criado como un hombre. Eso te asegura cierta ventaja, como ser heterosexual, ser blanco, ser rico, ser occidental, tener un cuerpo normativo… A todo esto, evidentemente, hay que añadirle un contexto: un hombre heterosexual medio de Etiopía probablemente se enfrente a un día a día mucho menos privilegiado que una lesbiana en Oslo. Por eso es importante contextualizar, pero también no olvidarse de tener en cuenta que las posiciones de superioridad o inferioridad vienen marcadas por diversas variables, no una sola y rígida (aunque suele haber una protagonista).

 

Esta chapa inicial viene a cuento de aquella queja, súper dramática, del dúo cómico Bertín Osborne y Arévalo sobre reírse de los maricones. Arévalo dijo:

“Sí que hay colectivos, salen de todo tipo, que protestan. Por ejemplo, los enanitos no pueden trabajar. Yo he trabajado toda la vida con el bombero torero y los ocho enanitos. Un compañero salía en televisión con uno y se lo prohibieron. Si es que cuando alguien se enfada por un chiste de mariquitas suele ser alguien que no tiene ni idea. ¡Pero si ahora hay series en televisión con mariquitas de verdad y mariconeando! Me llamó mucho la atención una ocasión en que fui a Sevilla a hacer un programa y me pusieron una cantidad de condicionamientos antes de salir… ‘No hables de los tartamudos, no te metas con los mariquitas, esto otro ni tocarlo…’. Coño, ¿dónde estoy, en Sevilla o en Alemania?”.

A lo que Bertín, autoproclamado “el más feministas del mundo” (que venga el notario del Guinness) apuntilló:

“Nadie hace un chiste así con deseo de ofender. En los últimos 15 años, en España se ha perdido el sentido del humor. Esto parece otro país, tiene razón Paco. Aquí nos reíamos de nosotros mismos, yo el primero. Es todo muy ridículo”

Y la cosa es que lo dicen dos señores que han hecho lo que les ha dado la santa gana toda su puta vida, porque nunca han tenido que sufrir la ridiculización constante. Y como no han sido ridiculizados desde todos los frentes posibles, no son capaces de ver que lo que hacen, por muy naturalizado que esté, es, simple y llanamente, humillación, además de contribuir a perpetuar estereotipos y roles bajo la excusa del humor. Más importante, casi, es aclarar otra mentira que dicen y que, a su manera, se desmontan ellos solos: que ahora no se pueden contar chistes de mariquitas. Sí que se puede, lo que ocurre es que ahora los mariquitas han conseguido una presencia (mediática, social, legal) que antes no tenían. Y algunos usan esa presencia, esa nueva voz que en los 80 nadie hubiera atendido, para decir que se sienten ofendidos, o, más frecuentemente, para explicar por qué ese humor puede hacer daño y mantener muchos de los comportamientos adquiridos que habría que cambiar.

Lo de Bertín es, además, para mear y no echar gota: como él se ríe de sí mismo (no sé cuando, quizá cada semana en TV diciendo que no sabe encender una cocina y llamando a la hembra más próxima para que haga magia con la vitrocerámica), automáticamente esto le otorga el derecho de reírse de los demás. Pues mira, no. Y menos cuando tu Humor va dirigido contra gente oprimida. Y él, que vive en una nube de dinero, rancheras y televisión, debe pensar que “los mariquitas” son Boris Izaguirre y Kike Sarasola, que sí, lo son, pero también lo es el adolescente sin recursos, el parado o el seminarista. Y quizá a ellos no les venga tan bien que haya un consenso para que se haga mofa constante de “los mariquitas”. Bertín, prueba a hacer chistes sobre terratenientes andaluces, sobre machos ibéricos, sobre cantantes de rancheras o sobre mojabragas. A ver si te salen tan fluídos como los de mariquitas. Quizá, y SOLO QUIZÁ, es que cuando te pones a reírte de ti mismo no apuntas tan bien como cuando apuntas a alguien menos privilegiado que tú. Y sí, a veces es solo una cuestión de lenguaje, pero por lo general suele ser una cuestión de talento.

Hagamos un poquito de arqueología:

 

Algo parecido ocurrió ayer mismo con el tipo este que hace humor para heteruzos que jamás podré entender:

Además de usar una de las palabras que más asco me dan del castellano (jodidamente), lo que cuenta la captura es estúpido y muy malrollero, teniendo en cuenta que le siguen muuuchas personas. Lo expreso ayer perfecto Alfredo Murillo en Twitter (y se le echaron encima algunos, eh)

 

Un par de muestras más de este miedo del privilegiado a que le arrebaten esos privilegios y no poder disfrutar de ellos riéndose de quien no está en igualdad de condiciones las llevan viviendo otras dos personalidades de internet desde hace tiempo. La cuenta de Twitter Stop Heteros se autoproclama como heterófobo. A pesar de que su tesis es que la heterofobia no puede existir porque los heteros tienen el poder y todo está organizado desde un punto de vista hetero (con lo cual no pueden sufrir discriminación), recibe cada día menciones de gente airada y cabreadísima porque, oh dios, me odian.

(Las imágenes son de la cuenta Stop Heteros)

Por su parte, la youtuber más guay del Estado (con permiso de les queer avengers), Soy Una Pringada, se hizo famosa mundiarr por un vídeo llamado, precisamente, Odio a los heteros.

ESTE VÍDEO ES UNA PARODIA. ANTES DE SOLTAR EL DISCURSITO #NOTALLHETEROS PONTE A PENSAR SI ESTE VÍDEO, DADO LA VUELTA, NO SE PARECE A LO QUE SUFREN MILES DE PERSONAS LGBT A DIARIO. Y SI YA NI ASÍ LO ENTIENDES ES QUE ERES CORTO Y NO HAY NADA QUE HACER.
 La cita es lo primero que aparece en el vídeo. Más claro, imposible. Pues Soy Una Pringada, una heroína contemporánea, ha visto cómo la masa hetera se le echaba encima, la insultaba, la acosaba… a lo que ella ha respondido aprovechándose de su nueva popularidad para seguir a lo suyo. La cima de la historia llega cuando un tal Dalas, que al parecer es un youtuber famosísimo, hizo una respuesta al vídeo buscando que ella entrara al trapo sin conseguirlo. Un golpe de genialidad, pues al final la popularidad de SUP no para de crecer a costa de los nervios de aquellos a quienes critican. Y lo hace una mujer no normativa, libre, radical, diferente y que, al fin y al cabo, es el futuro que muchos esperamos.
Son dos ejemplos de reversión de la opresión que, precisamente, a los que menos gusta es a los que oprimen habitualmente.
Se puede seguir dando ejemplos de opresiones que ahora ya no valen (pienso en esta famosa feminista española que ahora en nombre del feminismo radical se dedica a hablar mal de las mujeres trans feministas), pero no hace falta, creo que está explicado. Cuando alguien se sienta ofendido por algo que hace, piensa en la razón de la ofensa, y si esta viene de tu posición de privilegio, cállate la boca o atente a las consecuencias (que son, en realidad, que te contesten, ni más ni menos). Así, amigos, resulta que la opresión ya no es lo que era, un lugar magnífico en el que campar y disfrutar a costa del sufrimiento ajeno; ahora la opresión es un mundo un pelín más peliagudo, en el que cabe, desde luego, la libertad de expresión, con la diferencia de que ahora esa libertad de expresión tiene dos direcciones, de arriba a abajo y, sobre todo, de abajo a arriba.
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Comments
One Response to “La opresión no es lo que era”
  1. Joder Borja, menuda maravilla de artículo, amigo. 🙂

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