Alaska, Segura, la calma y los horarios de la televisión

Mi consumo televisivo es una mezcla fatal de cuñadismo (lo que me echen) y eso que llaman Millenial (no puedo seguir nada con una frecuencia concreta, lo veo después en internet, cuando me acuerdo o me viene bien). Un batiburrillo de rutinas y despistes. Por ejemplo, por la tarde suelo ver La Sexta y cuando se van a publicidad cambio a Sálvame, que en realidad son dos caras de una moneda de euro. En realidad, no puedo ser fiel a la parrilla de las televisiones, solo puedo ser fiel a mi vida. Luego está el tema de los horarios, el prime time y España, que parece que nos empeñamos en confirmar nuestros propios tópicos y aunque entremos en la oficina a la vez que el resto de nuestros vecinos, nos acostamos 2 horas más tarde.

Hace un par de temporadas, cuando la televisión pública había comenzado su descomposición pero todavía no olía mal, se estrenó en La 2 un programa diferente y con concepto marcado, bajo el nombre de Torres y Reyes, los apellidos de sus presentadores. Esto del nombre era importante, pues en cada temporada prometían cambio de presentador. Un programa pausado, donde conversar, que jugaba con el humor y hablaba de internet sin fliparse. La segunda temporada fue el turno de Alaska y Coronas, y cuando acabó parecía que no volvería.

Pero no, anoche volvió con su tercera temporada. Con cambios vistosos pero, en realidad, traicionando un poco (pero poco, eh) ese concepto. Empecemos con los cambios, que son más bien superficiales: de La 2 ha pasado a La 1, lo que supone un poco más de presión respecto a la audiencia (que una televisión pública, si realmente cree en su programación, no debería mirar tanto). Segundo, de prime time a late night: otra vez el horario. Si en La 2 se emitía a una hora más o menos decente, ahora se anuncia para los lunes pasada la medianoche, lo que supone meterse en la cama más allá de la una de la madrugada. Y tercero, el presentador, Santiago Segura, que no es santo de mi devoción pero tampoco me molesta. Con Javier Coronas me pasó que, después de su paso por el programa, me cayó mejor.

El resto, se mantiene más o menos igual. Alaska seria, quizá algo más suelta, y rodeada de sus amigos. Esto puede llegar a cansar. Cada vez que Alaska, a la que mola mucho ver y escuchar porque es una mujer serena, inteligente e interesante, hace algo, parece que deba estar arropada por su troupe. Se nota que ella está orgullosa de sus amigos y que les inspira para que hagan cosas, pero ya en la anterior temporada iba colándolos uno a uno y esta nueva etapa arranca igual, con David Delfín ocupando hasta dos secciones (la master class y un pase de modelos). Esperemos que no sea norma, para ver a Alaska moviéndose en tierras que no sean suyas.

Lo que más me gustó, y que me hace quedarme despierto, es la pausa y la tranquilidad que emanan de la emisión: a pesar de momentos un poco chirriantes (los sobrinos de Santiago Segura, esa compañía de teatro/baile/lo que sea, las canciones tan manidas que pinchan los DJs), es en las entrevistas y en la tertulia cuando el programa crece en valor y se convierte en algo inédito. Carmen Maura, que es una institución de la entrevista y que siempre cuenta cosas interesantes sin cortarse y dando un titular tras otro, estuvo estupenda, tranquila y contestando todo, hasta soltando polémica con Almodóvar sin querer. Y la tertulia igual, con tres panelistas muy guays (Mariola Cubells, Jordi Costa y Jimina Sabadú) que comentaron los oscars y hablaron de cine y no de vestidos, manifestando sus varios desacuerdos de manera educada y ordenada. Y, para terminar, música en directo, algo que en estos momentos creo que solo ofrece (ojo al dato) ¡Qué tiempo tan feliz! en Telecinco. Les tocó a Najwajean, y como yo soy tan fan de Najwa (de ella, de sus apariciones, de sus entrevistas), pues lo gocé. No dejó de soltar alguna de sus habituales perlas (“¿esto se está emitiendo ahora?”).

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Como bien concluían hoy en El País, parece que el target del programa, los jóvenes, es perfecto para ese horario y ese día, pues más del 50% está en paro. Pero echando un vistazo también a mi timeline (y sé que esto no es lo general, pero bueno), sé de buena tinta que también existimos muchos más que agradeceríamos este tipo de propuestas en un horario más decente. Y, viendo los resultados (hizo un 6%, redondo, y 512.000 espectadores), se quedó a mitad de camino de las medias de La 1 (alrededor de un 10%) y de La 2 (casi un 3%), así que no estaría mal cederle un espacio en el segundo canal a las 22:00, pues no despierta el interés que reclama el canal principal y parece que no le vendría mal a la media de La 2.

Pocos programas pueden presumir de ese equipo técnico, de aportar cosas más allá del entretenimiento y de generar tanta expectativa entre un grupo pequeño (pero interesante) de gente, además de alegrar el inicio de semana… así que aunque me canse la factori de Alaska, aunque Santiago Segura me dé igual, aunque nadie me vaya a hacer caso con lo de los horarios… ¡Larga vida a Alaska y Segura!

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