Salvados por el patriarcado

Título fácil, lo sé. Desde hace mucho tiempo estoy con la mosca detrás de la oreja, ya había leído algunos tuits en temporada anteriores recriminando cosas y, ahora que es un programa híperconsolidado, con bien de audiencia, respetado y puesto como ejemplo de cualquier cosa buena, veo que se confirman las sospechas: hay un campo en el que Salvados, por lo general, no es ejemplo de nada y cae en los mismos errores de la derecha, la izquierda, el periodismo moderno, el rancio, el cuñadismo, Ciudadanos, la Jot Down, el Primavera Sound… ¿alguien lo adivina? Sí: la extrema presencia de varones opinando y sentan do cátedra y la escasa aparición de mujeres. Como es habitual, iré por puntos para intentar ordenar las ideas y no olvidarme de nada. Y no todo es malo, claro, pero aquí, en esta casa, lo que procede es hablar de percepciones personales basadas en la necesidad de encontrar propuestas diversas de verdad. Y resulta que Salvados, que puede parecer que sí, suele dejar de lado al 51% de la población. Aunque luego digan que ellos llaman a todo el mundo y que quieren tener todos los puntos de vista. Empecemos…

 

1.  El 28 de septiembre Jordi Évole visitó el plató de Al Rojo Vivo para hablar de los resultados de las elecciones catalanas. Allí, se debatía airadamente sobre el futuro de Cataluña desde pocos puntos de vista, en opinión de Évole. Recriminó en directo a Ferreras, el presentador/director/gurú de la cadena la falta de periodistas nacionalistas en la mesa. Llamó mi atención: cómo mola que alguien le plante cara a Ferreras en su programa, qué valiente, qué razón tiene, qué guapo es… hasta que se abrió el plano y, sentados en la mesa, solo había señores encorbatados. Al mirar a la mesa y ver la falta de diversidad, a Évole sólo se le ocurrió recriminar la falta de posturas ante la independencia, pero no la falta de representación de la población, porque para él lo normal es que los hombres opinen siempre y las mujeres cuando les dejan, así que no ve nada raro en invitar a 5 personas a un programa y que las 5 sean varones. Precisamente Al Rojo Vivo adolece día a día de una presencia excesiva de varones, siendo raro el día que hay una mujer sentada a la mesa (suelen estar, de cuerpo entero y maqueadísimas, explicando cosas en una pantalla, o de reporteras, haciendo el trabajo más pesado). El último día de Cristina Pardo como sustituta del verano vivió un momento bastante guay: se estaba despidiendo uno a uno de los invitados, y cuando llegó a la periodista Angélica Rubio, ésta le respondió algo así como “es la primera vez que hay más mujeres que hombres en esta mesa, esperemos que no sea la última”. Y, efectivamente, fue la última (han pasado dos meses).

 

2. Está claro que Salvados es un programa de entretenimiento y como tal necesita dar giros de guión, golpes de efecto que atrapen a la audiencia y creen expectación. En esta temporada lo hizo con Julio Iglesias, uno de los personajes más detestables de nuestro país por varias razones. Una de ellas, su mito de galán, de seductor, de moja bragas, de machuirulo ante el que las chatis se desmayan porque es un truhán, un señor. Un asco. Pues para promocionar su nueva temporada, Salvados hizo una especie de previa de media hora con el cantante, en el que le preguntaban de todo un poco y le hacían repetir los memes de internet, que por lo general no hacen más que perpetuar comportamientos machistas de la sociedad. No creo que sea necesario, por mucha prensa que haya conseguido.

 

3. Una de las cosas que se le viene recriminando al programa desde hace ya un par de años es la escasa presencia de mujeres participando. Cuando se va a hablar de un tema y se reúne a dos, tres, cuatro expertos, suelen ser hombres. Ya sea de educación, de sanidad, de política general, de populismos… Siempre hay una mayoría abrumadora de hombres, y lo de abrumadora es una concesión. Un ejemplo: en un programa sobre educación financiera, comienza con una clase en un instituto impartida por una mujer, que explica en qué consiste. Después, Jordi Évole reúne alrededor de una mesa a expertos para hablar sobre el tema y la profesora desaparece del mapa y en su lugar saca a tres señores: uno de un banco, otro de la CNMV y a Gabilondo (que le afeó a Jordi Évole la falta de mujeres en ese debate).

 

4. Espera, pero en Salvados sí que salen mujeres. Claro que salen. Pero su presencia está solo permitida para representar ciertos arquetipos, jamás como expertas en algo o como voces autorizadas. Salen, por ejemplo, trabajando. Preparando la comida. Sirviendo en un bar. Explicando sus miserias. Y también las usan como villanas (Esperanza Aguirre) o como víctimas (Zaida Cantero). Pero nunca como expertas ni como autoridades en nada: o les ha pasado algo horrible (como a la propia Cantero, o a Beatriz Garrote, presidenta de la AV3J) o se intenta tensar sus límites para que exploten (como Esperanza Aguirre, sí, otra vez, no hay muchos ejemplos de mujeres protagonistas en Salvados). Las mujeres son un paréntesis en el programa.

¿Con esta mirada maligna tienes para un teaser?

 

5. He hecho una búsqueda tan sencilla como “salvados mujeres” en Twitter y me he encontrado con bastante material. No tanto material como, por ejemplo, “meme julio iglesias”, pero sí bastante más profundo y atado a la realidad de nuestra sociedad. Más profundo e importante. Precisamente uno de los valores de Salvados es convertir en charla nacional toda temática que toque. Una ayudita al feminismo, tras 9 temporadas, no parece algo descabellado. Porque ha estado con líderes políticos, pero con pocas líderes políticas. Llama a muchos periodistas, pero a pocas periodistas. Temas como el feminismo, los movimientos LGTBI+, la transexualidad, el aborto (¿el tren de la dignidad no fue un temazo?), la desigualdad salarial, la violencia de género, las cuotas… hay infinidad de cosas por abordar, y tu prime time, Jordi Évole, nos vendría de perlas para ponerlas sobre la mesa.

Qué gracioso todo

 

6. En el último hitazo del programa, el debate de bar entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, se habló, al parecer, de todo. ¿De todo? Ni una mención a políticas de igualdad. Solo un chascarrillo del robot Cs diciendo la frase más sinsentido de 2015: “yo no estoy a favor de las cuotas, ni para bien ni para mal”. Si es capaz de explicar el “para bien o para mal” de manera convincente, dejaré de hablar mal de él. Además, cuando se enteró de que el equipo de comunicación de Pablo Iglesias estaba compuesto por 3 mujeres (el de Rivera, oh sorpresa, por 3 hombres), al catalán solo se le ocurrió espetar un “¡Joder, todo tías!”. Es un problema menor, parece. Y Évole fue cómplice, pues no hizo ninguna pregunta sobre el tema. Oportunidad perdida (para nosotras), pues batió el récord de audiencia de la historia de Salvados. Mención aparte merece el posterior debate en El Objetivo, con una mesa formada por 5 hombres y 2 mujeres (y una de ellas, la moderadora), y las caras de circunstancias de todos cuando la representante del PSOE subrayó que era la única mujer opinando esa noche. Pluralidad masculina, patriarcal, en definitiva. La palabra feminismo fue pronunciada, de corrido, por Alberto Garzón, que al menos ha tenido la decencia de definir a su partido así (entre otras muchas cosas).

 

7. Me gusta Salvados. Lo suelo ver si el tema me interesa, y otras veces lo pongo sin expectativas y me engancha. Por eso me gustaría que fuera un programa mejor. Y me da gustito ver preguntar a Évole, me cae bien y a veces me hace reír y otras pensar, por eso no me gusta nada que, igual de manera involuntaria, le haga tanto la cama al patriarcado.

 

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  1. […] 7. Salvados por el patriarcado: el programa de Jordi Évole es uno de los más vistos de la televisión, y, a diferencia de otros, sirve para agitar conciencias y para poner en primer plano temas que a veces no encuentran el espacio que merecen. El problema llega cuando todo problema es susceptible de ser subrayado excepto uno importantísimo, el patriarcado. Y ahí me puse, a escribir lo que pensaba de Salvados y su odio (acorde al sistema) a las mujeres. […]

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